lunes, 7 de octubre de 2013

EL CORAZON EN LA CULTURA EGIPCIA.






EL CORAZÓN EN EL ANTIGUO EGIPTO




Platón fue uno de los hombres que  bebió en las fuentes de sabiduría de Heliópolis en Egipto, y explica  que es el corazón quien permite que la parte mejor impere en la personalidad y que sólo la voz del corazón sea escuchada por "todo lo que en el cuerpo tiene sensibilidad". 

Platón tambien  llama al corazón "Nudo de los vasos", tal y como hicieron los aztecas al representar en el corazón el movimiento, el nudo que ata el espíritu a la materia y el alma a su herramienta. Ahí se anuda el alma. El corazón es el testigo del hombre y de su incesante marcha.
   
Según los  egipcios, el corazón es el asiento de la conciencia moral, el trono donde mora el dios interno del hombre. Como toda sangre es impulsada por el corazón y a él vuelve, toda vida deja su huella en el corazón. Los egipcios lo representaron por una vasija donde se hallaba la esencia de las experiencias vividas.


En el "Peso del Corazón del Difunto", es lo que se pesa en uno de los platillos de la balanza (y en el otro la pluma de la Verdad, Maat). Es necesario para superar esta prueba un corazón de fuego que reduzca a cenizas las acciones. 







 





en la cultura egipcia el corazón es el Sol del hombre, como el Sol es el Corazón del Sistema Solar.  Los egipcios llamaron al Corazón el Padre- Madre, el de los Transformadores. Porque todo cambio real, toda renovación, debía surgir del corazón. Wallis Budge se refiere a un amuleto en forma de corazón y en él inscritos en caracteres jeroglíficos: "Yo soy el alma de Kepher-Ra". Kepher-Ra es el Ser-que-avanza, que supera las pruebas experimentando en cada una de ellas una transformación que le hace más luminoso. Es el Sol en el amanecer que se eleva hasta el Mediodía.


En época griega el ibis (hibi) es el signo del jeroglífico del corazón (ib). Y Plutarco, en su Isis y Osiris, nos recuerda que el Ibis era "la primera letra de su alfabeto", pues de este dios, Thot, venía toda inteligencia y memoria. A él estaba consagrado el lenguaje de los jeroglíficos, pues se supone que todo conocimiento real llega del corazón y vive en él. La verdadera belleza brota del corazón de los seres.


Las milenarias enseñanzas del visir Ptahotep miran al corazón como llave de moral: es ahí donde vive la regla de Maat. El corazón da la verdadera medida. Todo exceso es una traba para el corazón. Dice: sigue a tu corazón durante toda tu vida o no vivir de acuerdo al corazón hace desaparecer el corazón.

Yerra –afirma Ptahotep– quien desoye y olvida su corazón. Que un buen corazón es el mejor don de Dios. Nada, ni bienes, ni salud, ni riquezas pueden sernos más útiles que el corazón. Pues “para un hombre su corazón es vida, salud y prosperidad” (Ankh-Oudjat-Seneb). El lenguaje del corazón es el lenguaje del alma, el distintivo del noble: "Sólo puede mandar aquel que llega al corazón" y "llega al corazón aquel cuyas palabras no giran egoístamente en torno a sí". Es desde el corazón como se ordenan todas las potencias del alma, pues es ahí donde vive Maat, la piedra angular que da a cada uno su justo lugar. "Quien obedece a su corazón estará en orden".

Para los egipcios obedecer es oír y entender, ambas facultades del corazón. Sin entender los dictados de la vida uno se golpea contra las orillas de piedra de la fatalidad: "Dios ama al que entiende; al que no entiende (la vida) Dios lo rechaza".

La avidez y el deseo sin freno devoran lo que está a su alcance para llenar aquello que sin corazón no puede ser colmado. Como en El mercader de Venecia de Shakespeare, nada puede sustituir el "peso exacto" del corazón. La avidez es una enfermedad incurable: "el que es ávido de corazón carecerá de tumba".

Podemos constatar que grandes aforismos de la Filosofía antigua son herederos del pensamiento egipcio. Donde los egipcios representaron un Ibis-corazón ante la pluma de Maat, los griegos y romanos enseñaron su “¡nada en exceso!”. Como el corazón está en el centro del ser humano, lo perfecto se halla siempre en el Justo Medio. Es el Satva de los hindúes, "el reposo en el conocimiento divino", que se traduce como "bondad, pureza, armonía, equilibrio". El Talmud, la sabiduría hebrea, herencia de la egipcia, proclama: "Si corre tu corazón, haz que vuelva a su lugar".


¿Por qué el corazón era tan importante para los egipcios? Porque escribe en la Tierra los designios del Cielo, y hace llegar al Cielo la voz de la Tierra. Está en el medio. Crece, se expande, se abre y da fruto en la tierra, pero es la simiente del Cielo. Son su padre y madre el cielo y la tierra. "Yo habito en el cuerpo de Geb, mi padre, y en el de Nut, mi madre divina". Las pruebas dan vigor al corazón cuando obtiene la victoria, que es como una luz que se expande en el reino del corazón.

Dañan el corazón sólo las acciones que el Cielo abomina. "¡Que no se ejerza violencia sobre mí!", rezan los textos egipcios. Porque el verdadero dolor es el que daña el corazón. Todos los demás carecen de real importancia y no dañan al Hombre interno. 



 fuente:  Papiro de Ani .

Karen Bibiana Cardona Tellez 






No hay comentarios:

Publicar un comentario